Kath le paga al desconocido con una mamada bien mojada
Necesitaba ayuda para mover mis cosas, y el tipo que apareció tenía una polla enorme que no podía ignorar. Me miró con esa sonrisa de quien sabe que tiene el control, y yo, con mi coño ya ardiendo, supe que no había otra forma de pagarle. Me arrodillé en el asiento trasero del auto, sintiendo el cuero frío bajo mis rodillas mientras él me agarraba del pelo y me empujaba hacia su verga dura. 'Chúpala bien, puta', me ordenó, y yo obedecí, metiéndomela hasta las pelotas mientras él gemía y me humillaba. Cada vez que me atragantaba, él me tiraba más fuerte, disfrutando ver cómo me ahogaba en su leche. Mi coño estaba empapado, palpitando por esa polla que no me dejaba tocar. 'No te corras hasta que yo te lo diga', gruñó, y yo asentí, tragando saliva mientras su verga me llenaba la boca. Cuando por fin me dejó correrme, fue con su mano en mi cuello, ahogando mis gemidos mientras me follaba la garganta sin piedad. El auto olía a sexo y sudor, y yo solo quería más, rogándole que me llenara la boca con su leche caliente. Pero él decidió correrse en mi cara, marcándome como suya mientras yo jadeaba, con los labios hinchados y el coño palpitando de frustración. Fue la mejor mamada de mi vida, y él lo sabía. Me dejó temblando, con su semen goteando por mi barbilla, mientras me decía que nunca olvidara quién mandaba ahí. Y no lo hice.