Katana kai seduce al marido de su amiga roja en casa
Esa tarde en el cuarto de visita, Pitbull Porn no podía quitar los ojos de Katana Kai, que se paseaba con esa falda corta que apenas cubría su culo respingón y ese top ajustado que dejaba ver los pezones duros bajo la tela. Sabía exactamente lo que hacía: rozaba su brazo contra el hombro de él al pasar, enviaba fotos de su coño depilado y mojado con un mensaje que decía '¿Te gusta?'. Él tragaba saliva, pero se hacía el desentendido. Hasta que ella se sentó en su regazo, abrazándolo por el cuello, y sintió cómo la polla gruesa se endurecía contra su muslo. Con un movimiento lento, desabrochó los botones de su camisa, dejando al descubierto los abdominales marcados, y bajó la mano hasta el cinturón. 'Llevo toda la tarde esperando esto', susurró, mordiéndose el labio mientras le desataba el pantalón. La verga saltó libre, dura y jugosa, y ella no perdió tiempo en chuparla hasta la garganta, lamiendo cada venita mientras él gemía y agarraba su pelo. Cuando ya no pudo más, la levantó de un tirón, la empujó contra la pared y le arrancó la tanga, hundiendo los dedos en su coño empapado antes de clavársela de una estocada. Ella gritó, sintiendo cómo la polla entraba hasta hacerle tocar fondo, y enredó las piernas alrededor de su cintura mientras él la empotraba sin piedad. Cada embestida la hacía chocar contra la pared, y sus gemidos se mezclaban con los golpes de carne. '¡Más duro, cabrón, lléname entera!', gritó, y él obedeció, dándole hasta que las caderas chocaron con fuerza. Cuando el calor del semen la inundó, ella sintió cómo el placer la desarmaba, pero lo que más la excitaba era pensar que, después de tanto provocarlo, al fin podía disfrutar de lo que tanto había deseado.