Jaula de castidad y dominación con Rider On The Floor
El sonido metálico de la jaula de castidad al cerrarse me hizo gemir. Llevaba dos meses encerrado, dos meses de miradas robadas y tensión acumulada que hoy por fin estallaría. Rider On The Floor no tuvo piedad: sus manos engrasadas con aceite resbalaban sobre mi polla diminuta, frotándola con lentitud cruel mientras yo me retorcía en la jaula. Cada caricia era una tortura, cada roce un recordatorio de que no me dejaría correrme. Me obligó a arrodillarme, su voz firme ordenándome que lamiera sus botas mientras su mano seguía jugando con mi verga atrapada. El olor a cuero y sudor llenaba el aire cuando por fin me permitió tocarla, pero solo para frotar su coño mojado contra mi cara, negándome el placer que tanto anhelaba. La jaula de castidad y dominación era mi castigo, y ella lo disfrutaba. Cuando al fin me dejó eyacular, fue solo para arruinar mi orgasmo, dejando mi pollita cubierta de lechita sin satisfacción. Me quedé temblando, pero su risa triunfal fue lo último que escuché antes de que volviera a cerrar la jaula.