Hijastra castigada nalgadas se chupa la polla de su padrastro
Quinton James tenía esa mirada que me decía que hoy no iba a salirme con la mía. Sabía que me había portado mal, y aunque me retorcía de vergüenza, mi coño ya estaba mojado solo de pensar en el castigo. 'Desnúdate, hijastra', ordenó con voz ronca, y obedecí sin chistar, sintiendo cómo el aire frío acariciaba mi culo pequeño pero firme. Las primeras nalgadas cayeron duras, haciendo que mis pechos diminutos rebotaran y mis gemidos se mezclaran con el sonido de su mano contra mi piel. 'Chúpamela, puta', escupió mientras me empujaba de rodillas, y ahí estaba yo, con esa polla grande llenándome la boca, ahogándome con cada embestida. Me encantaba cómo me humillaba, cómo me hacía rogar por más incluso cuando las lágrimas rodaban por mis mejillas. '¿Quieres que te folle, zorra?', preguntó mientras me levantaba y me doblaba sobre el sofá, su verga entrando en mi coño apretado de un solo golpe. Grité, pero no de dolor, sino de placer puro al sentirlo destrozarme por dentro. Cuando se corrió adentro, juré que nunca más me portaría mal... pero ambos sabíamos que era mentira, y que la próxima vez sería peor.