Hermanastra colombiana de culo gigante se empotra con polla enorme
La hermanastra llevaba meses coqueteando con miradas de reojo cada vez que el tipo se quitaba la camiseta sudada... Y hoy, por fin, la cosa se puso caliente. Ella, con ese culo redondo que le rebotaba cada vez que caminaba, se le acercó con ese tanga negro que apenas le tapaba el coño ya mojado. Él, con una polla gruesa que le colgaba pesada entre las piernas, no pudo resistirse cuando ella se agachó para dejarle ver cómo le temblaban las tetas al inclinarse. Sin mediar palabra, él la agarró por las caderas y la empotró contra la pared del pasillo, sintiendo cómo su carne blanda cedía ante cada embestida brutal. Ella gritó con voz de puta desesperada, clavando las uñas en la madera mientras el choque de sus cuerpos sonaba como un tambor. Él le bajó el tanga de un tirón y le metió dos dedos bien adentro, sacándolos chorreando de jugos para luego follarle la boca hasta que ella se tragó hasta la última gota de leche que le escupió en la garganta. Cuando la volteó y le abrió las nalgas con las manos, no pudo creer lo bien que le cabía esa polla enorme dentro de ese coño apretado que se le hinchó al instante. Las embestidas eran tan fuertes que cada vez que le llegaba al fondo, ella soltaba un gemido agudo y le rogaba que no parara. Él no se detuvo ni cuando le agarró las tetas grandes y se las apretó hasta dejarle las marcas de los dedos, ni cuando ella le suplicó que la dejara correrse después de tantas mamadas calientes. Al final, cuando le metió la verga hasta el fondo y le dejó el culo bien marcado con los azotes que le dio por culo traviesa, ella se corrió gritando su nombre con la cara empapada en sudor y jugos. Él, con la polla aún dura, le dio una última embestida profunda antes de vaciarle toda la leche bien caliente dentro del coño, sintiendo cómo se le escapaba por las piernas mientras ella se dejaba caer contra la pared, exhausta pero satisfecha con esa polla que le partió el coño en dos.