Esta linda brasileña se deja empotrar el culo duro
La morena le sonrió con esa mirada de puta que sabe lo que quiere mientras le mordisqueaba el labio inferior, sus tetas redonditas apretadas contra la barra de la cocina. Él no pudo aguantarse más cuando ella se agachó lentamente, levantándose el vestido corto para mostrarle ese coño depilado y brillante que ya olía a sexo puro. Con un gemido ronco, él le agarró las caderas y le clavó los dedos en la carne, sintiendo cómo el culo prieto temblaba bajo sus manos antes de empujarla contra la mesa con un golpe seco. Ella soltó un gritito agudo al sentir la polla gruesa rozando su entrada anal, pero no se asustó, al contrario, se abrió de piernas y empujó el culo hacia atrás para recibirlo mejor. Las embestidas eran brutales, cada golpe resonaba en la habitación mezclado con los chapoteos húmedos de su coño mojado que goteaba sobre el mantel. Ella jadeaba como una perra en celo, con los pechos rebotando al ritmo de cada empotrada hasta que el tipo no aguantó más y le soltó dentro un chorro caliente que la dejó temblando, con las piernas temblorosas y el culo lleno. Cuando se separaron, ella se limpió el sudor de la frente y le susurró al oído que esto solo había sido el principio, que la próxima vez quería que la doblara contra el sofá y le diera hasta dejarla sin aliento. La cámara captó cada jadeo, cada contracción del cuerpo femenino y la intensidad del momento en que dos cuerpos se fundieron en uno solo sin importarles nada más que el placer más sucio y absoluto.