Dos casadas cachondas me follan en el gimnasio
Llevaba meses yendo a ese gimnasio solo para verlas mover esos culos prietos bajo esos leotardos ajustados que se les marcaban hasta las bragas. Las dos morenas de pelo negro y curvas de infarto no paraban de lanzarme miraditas mientras hacían sentadillas, restregando sus coños mojados contra el asiento del aparato. Una me agarró del brazo cuando pasé por su lado, me llevó a un rincón oscuro entre las máquinas y sin mediar palabra me empezó a sobar la polla por encima del pantalón, gruñendo que llevaba semanas soñando con sentirme dentro de su boca caliente. La otra no se quedó atrás, se quitó el top deportivo y me empujó contra la pared, mordiéndome el cuello mientras me desabrochaba el cinturón con los dientes para sacar mi verga dura como una roca. Entre las dos me dejaron sin aliento cuando la primera se arrodilló y se tragó toda mi polla hasta la garganta, chupando con desesperación mientras la segunda le levantaba la falda de licra y le metía dos dedos en el coño empapado que olía a sexo. No aguanté ni un segundo más: las empujé contra el suelo de gomaespuma, les arranqué las bragas de encaje y me lancé a empotrar a la primera por detrás mientras la otra se masturbaba viendo cómo su amiga gemía y se corría con mis embestidas brutales. La polla me dolía de lo dura que estaba, pero no podía parar, así que las volteé a las dos, me puse de rodillas y me dejé mamar por los dos coños al mismo tiempo, sintiendo cómo sus lenguas jugaban con mis pelotas mientras sus tetas rebotaban contra mi cara. Cuando ya no pude más, me corrí como un animal, disparando chorros de leche espesa sobre sus barrigas sudorosas y sus bocas abiertas, dejando a esas dos putas satisfechas y con la ropa hecha trizas, sudadas y jadeantes, mientras el sonido de sus gemidos y los chorros de sus corridas llenaban el gimnasio vacío. Ni siquiera me importó que alguien pudiera entrar en cualquier momento, porque en ese instante solo existía el placer de sentir esas dos hembras calientes devorándome como si fuera su última comida.