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Coelhinha safada se deja reventar con doble penetración

10:08 1080P 7 Sexo Anal
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Estúdio Marcelle Pimenta

La habitación está llena de gemidos y el olor a sexo se pega a las paredes mientras dos pollas negras como troncos me empiezan a destrozar el culo y la boca al mismo tiempo. Te voy a contar cómo Jhony Bomba y Rafarj me apostaron que no aguanto más de 10 minutos de doble penetración, pero ya me tenían toda mojada y rogando por más. Primero me clavaron una polla enorme en el culo mientras la otra me llenaba la boca de saliva antes de follarme la garganta. Cada embestida me hacía gritar, sintiendo cómo el culo se me abría como una puta en celo, pero no pienso ceder. ¿Te gustaría estar en su lugar, viendo cómo dos machos bien dotados me rompen sin piedad? La polla de Jhony me taladraba el culo mientras Rafarj me apretaba las tetas, y yo solo podía gemir como una loca. El ruido de sus caderas golpeando mi culo rebotaba en las paredes, y ya sentía que me iba a correrme de lo excitada que estaba. Pero ellos no paraban, cada vez más fuerte, más rápido, hasta que Rafarj me empujó contra el colchón y me llenó el culo entero de leche. En ese momento, supe que habían ganado la apuesta, pero ni así dejé de disfrutar cada segundo. Lo único que podía hacer era gritar mientras Jhony me corría en la boca, sintiendo el sabor salado de su leche espesa. No hubo tiempo para descansar, porque ya estaban listos para otra ronda. La habitación olía a sexo, sudor y victoria, pero yo solo quería más. Cada embestida me acercaba al borde, sintiendo cómo cada centímetro de sus pollas me reventaba por completo. El sonido de sus gemidos se mezclaba con los míos, y en ese momento supe que no había vuelta atrás. Querían ver si podía aguantar, y aunque mi culo estaba ardiendo, no pienso darles el gusto de rendirme. Cada vez que creí que no aguantaba más, ellos me empujaban más allá, hasta que ya no podía ni respirar. El culo me ardía, la boca me dolía, pero no pienso parar. Solo quería que me llenaran de leche otra vez, sintiendo cómo cada gota me marcaba como suya. El sonido de sus pollas entrando y saliendo de mí era lo único que escuchaba, junto con mis propios gemidos de placer. No había manera de que dejara de moverme, aunque el cuerpo me pedía descanso. La apuesta estaba en juego, y no pienso perder. Cada embestida me hacía sentir más viva, más excitada, hasta que ya no podía pensar en nada más. Solo en el placer, en el dolor, en la victoria. Y cuando por fin llegó el momento, supe que ellos también lo sentían. La tensión en sus cuerpos, el sonido de sus gemidos, todo me decía que estaban al límite. Pero no pienso dejar que se corran antes de mí. Si creen que pueden ganarme, están muy equivocados. Cada vez que se acercaban, yo me movía más fuerte, más rápido, hasta que ya no podían aguantar. Y cuando por fin explotaron, supe que había ganado. La habitación se llenó de su leche, de sus gemidos, de mi propia satisfacción. Y aunque el culo me ardía, no pienso arrepentirme de nada. La apuesta estaba decidida, y yo había demostrado que no soy una cualquiera. Solo una mujer que sabe lo que quiere, y que no tiene miedo de ir por ello. Pero en ese momento, ya todo daba igual. Lo único que importaba era el placer, la victoria, y el hecho de que ellos ya no podían resistirse. Todo se desvaneció en un instante de puro éxtasis, y cuando por fin abrí los ojos, supe que había ganado. La apuesta estaba decidida, y yo había demostrado que no soy una cualquiera. Solo una mujer que sabe lo que quiere, y que no tiene miedo de ir por ello. Pero en ese momento, ya todo daba igual. Lo único que importaba era el placer, la victoria, y el hecho de que ellos ya no podían resistirse. Todo se desvaneció en un instante de puro éxtasis, y cuando por fin abrí los ojos, supe que había ganado. La apuesta estaba decidida, y yo había demostrado que no soy una cualquiera. Solo una mujer que sabe lo que quiere, y que no tiene miedo de ir por ello. Pero en ese momento, ya todo daba igual. Lo único que importaba era el placer, la victoria, y el hecho de que ellos ya no podían resistirse. Todo se desvaneció en un instante de puro éxtasis, y cuando por fin abrí los ojos, supe que había ganado. La apuesta estaba decidida, y yo había demostrado que no soy una cualquiera.

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