Chiquita colombiana se deja empotrar duro y sin parar
Llegó con esa carita de ángel y esos shorts ajustados que no dejaban nada a la imaginación, mordiéndose el labio mientras se sentaba en el regazo del tipo que la esperaba con la polla bien dura y apuntando directo a su coño empapado. Él ni siquiera tuvo que pedirle que se subiera, la chiquita se colocó las tetas en la boca y comenzó a cabalgarle como si llevara años soñando con ese pedazo de carne dentro, gimiendo fuerte cada vez que la verga le llegaba hasta el fondo del útero. Las embestidas eran brutales, él la agarraba de las caderas con fuerza y se la clavaba hasta que el culo le temblaba con cada empujón, mientras ella gritaba que no parara, que le diera más hasta hacerla explotar. Entre gemidos y sudor pegajoso, él le pasó la lengua por el clítoris hinchado hasta que la puso más mojada de lo que ya estaba, chupándole los jugos sin piedad mientras le metía dos dedos para que se corriera antes de que él mismo se dejara llevar. Cuando por fin la volteó y la puso en cuatro, el tipo no perdió tiempo, le agarró el pelo y empezó a empotrarla como un animal, con la cara enterrada en el colchón y los muslos temblorosos por el esfuerzo. Ella no paraba de chillar, entre gritos de que la iba a partir en dos y ruegos por más, mientras él le escupía en el culo y se lo metía sin aviso, haciéndole sentir cada centímetro de su gruesa verga hasta que no pudo más. La chiquita se corrió gritando su nombre, con el coño tan caliente que él no pudo aguantarse y le llenó las entrañas con chorros gruesos y calientes, dejando su vientre pesado y sudoroso. Pero eso no fue todo, porque entre risas y jadeos, los dos se dieron cuenta de que faltaba algo: otro cuerpo caliente se unió al desmadre, una morena con una polla larga se acercó y le pidió que se la chupara mientras el primero le seguía metiendo el dedo en el coño para que no se le bajara la excitación. Entre tres se descontrolaron, ella gemía con dos pollas a la vez, una en la boca y otra en el culo, mientras los dos tipos le decían lo puta que era y lo bien que se dejaba usar. Cuando al fin todos se corrieron, ella quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y los labios brillantes de saliva y leche, sin poder creer que hubiera aguantado tanto destrozo sin romperse.