Chica rencorosa se venga con anal feroz de cyber shot
Nunca me había sentido tan furiosa como cuando lo vi salir de su casa. Era su ex, el tipo que le rompió el corazón a mi mejor amiga, y ahora ahí estaba, riéndose como si no hubiera hecho nada. No sé cómo, pero terminé en esa dirección equivocada, confundida entre talleres y salones, hasta que vi el letrero medio borrado: 'Tatuajes'. Pero esto no era un tatuaje lo que necesitaba dejarle, era otra cosa. Cuando lo vi, su polla ya estaba dura, y él ni siquiera se sorprendió de verme. Solo sonrió y se bajó los pantalones, como si supiera exactamente por qué estaba ahí. Me arrodillé frente a él, mostrando mis pechos pequeños pero firmes, y empecé a chuparle la verga con rabia, mordiendo un poco más de lo necesario. El tipo jadea, pero no le importa, solo me agarra el pelo y me empuja hasta que la tengo hasta el fondo. Después, cuando me pone de perrito, el primer empujón me hace gritar, no por placer, sino por el dolor de saber que esta polla ya la ha usado alguien más. Las nalgas me arden con cada azote, el sonido de los cachetazos rebota en las paredes mientras él me embiste como si quisiera destrozarme. El culo se me abre tanto que casi duele, pero no paro, sigo gimiendo, aunque sea de odio. Él me mordisquea la oreja, me susurra obscenidades, y eso solo me enciende más. Cuando por fin se viene, es con un gemido ronco, y siento el calor correrse por mi culo como si fuera una marca. Me quedo temblando, con las rodillas en el suelo y su leche escurriendo por mis muslos. A lo lejos, una camiseta azul arrugada en el rincón de la habitación, la misma que usaba ese hijo de puta cuando le hacía lo mismo a mi amiga.