Chica elegante se masturba para ti con la polla dura
Lleva un vestido ajustado que se le pega a las tetas como si fuera pintura cuando se inclina sobre la mesa y te enseña las medias negras de encaje. Se pasa la mano por el muslo mientras te mira con esos ojos de puta que sabe que te va a volver loco, mordiéndose el labio inferior con esa sonrisa de satánica que derrite hasta a un santo. La prenda se le sube un poco más cada vez que se frota el coño por encima de las bragas, dejando ver el brillo de su humedad pegajosa entre sus piernas. Te susurra que quiere que la veas tocarse la raja mientras se aprieta los pechos por encima del escote, gimiendo bajito porque ya está más que mojada y lista para que le metas los dedos hasta el fondo. La muy viciosa se baja las medias de un tirón y se abre bien las piernas sobre la silla, dejando que la tela se le enrede en los tobillos mientras se acaricia el clítoris con círculos lentos y profundos, como si estuviera probando cada centímetro de su propio placer. La polla se te pone como una barra de acero al ver cómo se mete los dedos con los nudillos blancos, jadeando cada vez que roza ese punto que la hace arquearse y soltar un gemido ahogado. No aguanta más y se baja las bragas de un tirón, mostrando el coño abierto y brillante que ya pide a gritos que le llenen el agujero con algo gordo y caliente. Se frota la entrada con los dedos empapados antes de empezar a mover la mano como una loca, con los muslos temblando y los pezones duros como piedras bajo el tejido ajustado. El sonido de sus dedos chapoteando en su carne mojada retumba en la habitación mientras gruñe y se corre sin pudor, dejando un charco en el asiento de la silla que no le importa nada. La muy guarra sigue frotándose aunque ya no puede más, con la cara congestionada y los muslos cubiertos de sus propios jugos, hasta que por fin se deja caer contra el respaldo y respira entrecortadamente, con la polla palpitante de ganas de metérsela hasta el fondo de una vez por todas.