Chica asiática de 18 años con coño prieto bien mojado
La pendeja esa no para de menear ese culito redondo y prieto cada vez que la veo pasar por el parque, con esa minifalda que no deja nada a la imaginación y esos teticos chiquitos que se le marcan con el sol. Le grité desde el otro lado de la calle para que se acercara, pero ni se inmutó, solo se rio y siguió bailando al ritmo de su música con los auriculares puestos. Cuando la agarré del brazo y la llevé a mi casa, ni siquiera se resistió, solo dejó caer el bolso y me mostró ese coño empapado que olía a fresa madura y sudor limpio. Le arranqué la tanga de un tirón y le empecé a lamer el clítoris mientras ella se agarraba de mi pelo y gemía como puta en celo. La puse a cuatro patas en la cama y le metí la verga hasta la garganta, sintiendo cómo se le escurría el jugo por los muslos mientras se ahogaba con mis embestidas. Cada vez que le daba en el fondo, soltaba un gritito agudo y se le cerraban los ojos, mordiéndose el labio inferior hasta casi sacarse sangre. Le agarré las tetas pequeñas y se las apretujé mientras le metía los dedos en la boca para que me los chupara bien mojados antes de empalmarla otra vez. Cuando ya no pudo más, se corrió con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, apretando mi polla como si quisiera ordeñarme la leche hasta el último goterón. Le di la vuelta y le metí la verga en la boquita entreabierta, sintiendo cómo se ahogaba con su propio flujo mientras se corría otra vez sin parar de temblar. Le llené la garganta de leche caliente hasta que se le derramó por la comisura de los labios y se limpió con el dorso de la mano, mirándome con esos ojitos de puta satisfecha que ya me tienen loco.