Vanessa se agacha a mear en el baño público
Vanessa llevaba días con el coño ardiendo cada vez que pasaba frente al baño público del parque, imaginando cómo sería correrse ahí mismo, con todo el mundo mirando. Esa tarde no pudo más y entró como una exhalación, cerrando la puerta de golpe mientras se bajaba las bragas de encaje negro con los dientes, sintiendo el aire fresco de la cabina acariciarle el coño ya empapado. Se agachó sobre la taza, las piernas temblorosas, y dejó escapar un chorro grueso y caliente que resonó en el eco del recinto, mojando el borde del inodoro mientras gemía entre dientes, imaginando que eran miradas de desconocidos las que la observaban desde fuera. Pero no se conformó con eso: se arrodilló en el suelo frío, se subió el vestido hasta la cintura y se abrió de piernas mostrando su raja brillante y goteante, frotándose el clítoris con los dedos mientras se masturbaba sin pudor. Una mujer que pasaba por el pasillo escuchó los gemidos y no pudo evitar detenerse, pegando la oreja a la puerta entreabierta para ver cómo Vanessa, con los ojos vidriosos de lujuria, se metía dos dedos hasta el fondo y luego los sacaba empapados antes de lamerlos con una sonrisa perversa. Cuando la desconocida no pudo aguantar más, abrió la puerta de golpe y se abalanzó sobre ella, arrancándole el vestido de un tirón mientras Vanessa, sin dejar de gemir, la empujaba contra la pared y le metía la mano entre las piernas, sintiendo cómo su coño también estaba empapado y listo para recibir. Ambas se enredaron en un beso húmedo y desesperado, donde los pechos de Vanessa rozaban el pecho de la otra mujer y sus muslos se frotaban sin control, hasta que Vanessa, con un gruñido, la empujó contra el lavabo y le levantó la falda para hundir la cara entre sus nalgas, lamiendo su raja con la lengua bien afuera mientras la otra mujer se agarraba al espejo con los nudillos blancos. El sonido de los jadeos mezclado con el chapoteo de la meada de Vanessa en el suelo inundó el baño, y cuando la desconocida no pudo más, se corrió con un grito ahogado contra la boca de Vanessa, que tragó cada gota mientras se masturbaba furiosa contra el borde de la pileta, hasta que ambas quedaron exhaustas, sudorosas y con las bragas completamente empapadas, jurándose volver al día siguiente para repetir la locura.