Sexo público con rubia y Papi Rodríguez en plena calle
El sol quemaba fuerte en aquel callejón apartado, donde el eco de los gemidos se mezclaba con el crujir de la ropa al rasgarse. Una rubia de piel suave y mirada traviesa no pudo contenerse al ver a Papi Rodríguez acercarse, su polla dura marcando el pantalón. Sabía que alguien podía verlos, pero eso solo la excitó más. Se arrodilló sin dudar, tragándose esa verga gruesa hasta hacerle tocar la garganta, los labios pintados de rojo manchados de saliva. Él la agarró del pelo, empujando con fuerza mientras ella ahogaba gemidos entre arcadas. La levantó de golpe y la empotró contra la pared, el coño apretado recibiendo cada embestida con un sonido húmedo. La gente pasaba cerca, pero nadie se atrevía a mirar directamente. La rubia mordió el hombro de Papi Rodríguez, susurrando que la llenara, que no se detuviera aunque los pillaran. Él la volteó, hundiendo los dedos en su culo mientras la follaba por detrás, las nalgas temblando con cada impacto. Ella se corrió primero, gritando algo incoherente, y él no tardó en seguirla, vaciándose dentro con un gruñido. "La próxima vez, que sea en un parque lleno de gente", le dijo ella, limpiándose la boca con una sonrisa perversa.