Puta con dildo monstruoso se abre el culo sola
Era una tarde cualquiera cuando me puse ese dildo monstruoso que no debería usar. Sabía que era demasiado grande, pero el deseo me quemaba por dentro. Me deslicé la lingerie negra que apenas cubría mi culo y empecé a jugar con el juguete, sintiendo cómo se hundía poco a poco en mi ano apretado. Cada centímetro me hacía gemir, pero no podía parar, aunque me dolía. La puta con dildo monstruoso que soy no tiene límites. Me empotré contra la pared, sintiendo cómo el plástico frío se clavaba más adentro, estirándome de una manera que ni mi ex novio pudo lograr. El sonido húmedo de mi culo tragándose ese monstruo llenaba la habitación. En más de 22 minutos de escena, no dejé ni un segundo de respirar, metiéndomelo cada vez más fuerte, sintiendo cómo mi ano se abría y se cerraba alrededor de ese pedazo de goma. La vergüenza me excitaba más, saber que esto estaba mal pero que me encantaba. Cuando por fin me corrí, fue con un grito ahogado, las piernas temblando y el culo palpitando, todavía lleno de ese dildo que me había roto por completo. "¿Ves lo que haces cuando te dejo sola?", me dije, sonriendo con malicia mientras lo sacaba lentamente, sintiendo cómo mi ano se cerraba, marcado para siempre.