Mujer mayor se masturba con los dedos en casa
La morena de curvas explosivas se pasó toda la tarde mirando por la ventana con las piernas abiertas, sin poder sacarse de la cabeza la forma en que su coño se le mojaba solo de pensarlo. Se quitó el vestido ajustado que le marcaba cada curva y se tumbó en el sofá con las rodillas bien altas, los pies apoyados en el reposabrazos mientras sus dedos se enredaban entre los labios de su vagina hinchada. Gemía bajito al principio, mordiéndose el labio inferior, pero cuando se dio cuenta de que nadie la escuchaba, se dejó llevar por completo. Se frotaba el clítoris con movimientos circulares, sintiendo cómo la humedad le empapaba los dedos mientras se le ponían los pezones duros como piedras. Dejó escapar un suspiro largo y se abrió más las piernas, exponiendo su concha rosada y brillante que brillaba bajo la luz tenue de la lámpara. Se metió dos dedos bien gruesos dentro sin piedad, sintiendo cada pliegue de su conducto mientras jugaba con el capullo hinchado que le palpitaba de deseo. Los gemidos ya no eran bajitos, sino gritos guturales que le salían desde lo más hondo del pecho, mezclados con el sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo sin parar. La polla que imaginaba clavándosele adentro no hacía más que excitarla, así que se llevó los dedos mojados a la boca para saborearse mientras se retorcía de placer. La piel se le ponía roja y brillante, el sudor le resbalaba por el vientre y las tetas le botaban con cada movimiento brusco que se daba. No paró hasta que el orgasmo la sacudió desde la punta de los pies hasta la nuca, dejando su coño temblando y los muslos pegajosos de leche