Mi hermanastra se folló a mi novio primero
La muy zorra de mi hermanastra llevaba semanas provocándome con su tanga minúsculo mientras se retorcía en el sofá, mordiéndose el labio cada vez que mi novio pasaba cerca con esa polla que le colgaba hasta las rodillas. Hoy no pudo resistirse: en cuanto me fui a la ducha, escuché el crujido de la cama y supe que se había lanzado como una perra en celo sobre el pobre infeliz, que ni siquiera tuvo tiempo de decir 'coño' antes de que ella se le subiera encima a horcajadas, chupándole la verga con esos labios carnosos que siempre me echaba en cara por no tenerlos igual de bonitos. Él gimió como un cerdo en matadero cuando ella le agarró los huevos y se los masajeó hasta que la punta de su polla quedó morada de puro deseo, lista para enterrársela hasta las entrañas. Yo me quedé quieta en el pasillo, escuchando cómo le lamía el glande con lengua de serpiente mientras le susurraban puterías al oído, hasta que no aguanté más y entré como un huracán con mi coño empapado, gritando que era mi turno de empotrarle ese culito prieto que tanto me ponía. Mi hermanastra, con las tetas pequeñas pero duras como nueces, se giró en cuatro patas y me miró con esos ojos de loca mientras yo le metía dos dedos en el coño para cerciorarme de que estaba bien mojada antes de clavarle la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo se abría como una fruta madura bajo mis embestidas brutales. Ella chilló como una posesa, arañando las sábanas mientras su novio se acercaba para lamerle el clítoris hinchado, que no paraba de latir entre sus piernas. Entre gemidos, risitas y sudor, los tres nos corrimos a la vez: él descargó una leche espesa en su garganta, yo le llené el coño de leche hasta que se le salió por las piernas, y ella se retorció de placer mientras su novio le metía los dedos en el culo para alargar su orgasmo hasta que ya no pudo más y se derrumbó sobre la cama, con las piernas temblorosas y el coño goteando leche por todos lados.