Mi esposa se folla al jugador del Flamengo mientras yo grabo todo
La luz del atardecer entraba por la ventana entreabierta, iluminando el sudor que ya perlaba la piel de mi esposa mientras se subía a la cama con ese culo prieto apretado en unos shorts que apenas cubrían nada. El jugador del Flamengo, con esa polla dura como roca, ya la esperaba con las manos listas para agarrarle las tetas mientras ella se montaba a horcajadas. ¿Te gustaría estar en mi lugar, viendo cómo mi mujer se deja penetrar por otro, sabiendo que en cualquier momento el portero podría entrar a revisar el jardín y escucharnos gemir? Ella mordía su labio para ahogar los gritos, pero cada embestida le arrancaba un quejido más fuerte, y yo no podía evitar grabar cada segundo de cómo él la empotraba contra el colchón, con sus caderas chocando contra ese coño mojado que chorreaba de lo excitada que estaba. Las sábanas se enredaban en sus piernas mientras ella se movía como una diosa, arqueando la espalda para que él le chupara los pezones, y yo solo pensaba en lo rápido que tendría que limpiar si alguien llegaba a tocar la puerta. El tipo le agarraba el pelo, tirando hacia atrás para que lo mirara a los ojos mientras la follaba más fuerte, y ella no podía evitar gemir más alto, aunque intentaba taparse la boca con la mano. En más de 12 minutos de escena, el sonido de sus cuerpos chocando se mezclaba con el crujir de la cama, y yo solo esperaba que los vecinos no llamaran a la policía por el escándalo. Al final, cuando él se corrió dentro de ella, dejando un charco blanco en las sábanas, mi esposa se dejó caer sobre el colchón, con el maquillaje corrido y el pelo pegado a la frente por el sudor. Y ahí quedó, entre las piernas abiertas, el short roto colgando de un pie, la prueba de lo que acababa de pasar.