Maya Smush se revuelve loca con sus tatuajes y su coño apretado
La habitación estaba oscura, solo la luz de la tableta iluminaba su piel tatuada mientras ella se retorcía en la cama. Maya Smush sabía que su ex estaba mirando, que se moría de celos al verla así, y eso la ponía más cachonda. Empecé a grabarla sin que se diera cuenta, observando cómo sus dedos se hundían en su coño mojado, cómo sus uñas negras arañaban los tatuajes de sus muslos al abrirse de par en par. Ella gemía cada vez más fuerte, mordiéndose los labios para no gritar, pero yo quería oírlos todos sus suspiros, así que me acerqué y le dije 'muéstrate, perra, que él no puede verte'. Ella obedeció, arqueando la espalda mientras se hundía dos dedos enteros en su agujero, follándose con furia mientras yo le chupaba los pezones. Su coño estaba tan apretado que mis dedos se clavaban como agujas, y cada vez que ella apretaba los muslos, yo los abría a la fuerza para meterle otro más. La escuché maldecir en japonés, suplicando que la hiciera correrse, y yo le di lo que quería: la empujé contra la pared y le metí la mano por debajo del tanga, follándole el coño con los dedos hasta que sus piernas temblaron. Ella gritó '¡me vengo!' y un chorro de jugos calientes salpicó mi mano, pero no me detuve, seguí masajeándole el clítoris hasta que sus tetas rebotaban con cada espasmo. Justo cuando ella pensaba que ya no aguantaba más, le di la vuelta, la puse a cuatro patas y le metí la lengua en el culo, lamiendo cada pliegue mientras ella se retorcía de placer. Sus gemidos eran música para mis oídos, especialmente sabiendo que alguien más los estaba escuchando. Le arrebaté el vibrador de entre las piernas y lo encendí al máximo, hundiéndoselo de golpe mientras ella gritaba '¡no puedo más!'. Su coño se contraía alrededor del juguete, chupándolo con avidez, y yo no podía resistirlo: le di una palmada en el culo y le ordené que se corriera otra vez. Ella obedeció, explotando en un orgasmo que la dejó temblando, su cuerpo cubierto de sudor y sus tatuajes brillando bajo la luz. Justo cuando estaba a punto de explotar ella misma, le eché un chorro de esperma en la espalda, marcándola como mía mientras ella seguía convulsionando. La última cosa que vi fue su cuerpo relajándose, sus manos aún agarrando las sábanas, su respiración agitada...