Masajista chupa polla dura de cliente en sauna
La masajista Ivana Hyde llevaba días observando cómo ese tipo musculoso se quitaba la toalla en la sauna del spa, dejando al descubierto una verga gruesa y bien tiesa que le hacía babear nada más verla. Sin pensarlo dos veces, se acercó con esa sonrisa de zorra que tanto le gustaba, se arrodilló frente a él y le agarró el tronco con las dos manos antes de empezar a lamerle el glande como si fuera un helado derretido. Xander Corvus no pudo aguantar más y le sujetó la cabeza con fuerza mientras ella se lo tragaba entero, ahogándose con esa polla monstruosa que le llenaba la boca hasta dejarla sin aire. La masajista gemía entre gemidos, con las tetas pequeñas pero duras apretadas contra sus muslos, mientras él le clavaba los dedos en el pelo y la empujaba cada vez más fuerte contra su entrepierna. Con una mano le apretó el culo firme, sintiendo cómo la tela del tanga se le clavaba en la carne mientras ella movía las caderas como si ya estuviera empalada, buscando más placer. Ivana no paraba de chupar, con la saliva resbalándole por la barbilla y el coño tan mojado que podía sentirlo gotearle por las piernas, imaginando cómo sería que esa verga le partiera el coño en dos. Xander, sudando como un cerdo en el vapor, no aguantó más y la levantó en volandas, apoyándola contra la pared de madera caliente mientras le arrancaba el tanga con los dientes y le escupía en el coño antes de empalarla sin piedad. Ella gritó como una loca, arañándole la espalda con las uñas, mientras él la embestía con fuerza, haciendo que su culo rebotara contra su pelvis con un sonido húmedo y obsceno que resonaba en la sauna. Cuando por fin se corrió dentro de ella, eyaculando como un animal, Ivana se desplomó contra su pecho, jadeando y con el coño chorreando por todos lados, sin poder creer que acabara de correrse solo con que le chupara la polla. La masajista no podía ni moverse, con las piernas temblorosas y el maquillaje corrido por el sudor y el semen que le resbalaba por los muslos, mientras él le susurraba al oído que la próxima vez se la follaría en la camilla del masaje. Ella solo atinó a sonreírle como la puta que era, sabiendo que ya no había vuelta atrás y que volvería a buscarla en cuanto pudiera.