Mamacita latina da placer a los dos vecinos
La morena llevaba días mostrando sus curvas en la ventana mientras se pasaba la lengua por los labios rojos, hasta que uno de los vecinos no pudo resistirse y tocó el timbre con la polla ya dura como un palo. Ella lo recibió en la puerta con el vestido ajustado abierto de par en par, mostrando el coño depilado que brillaba bajo el sol de la tarde, y sin decir ni pío lo agarró de la nuca para meterle la lengua hasta la garganta mientras le desabrochaba el pantalón. El otro vecino no tardó en aparecer, con la verga medio fuera del pantalón tras escuchar los gemidos ahogados que salían del apartamento, y al verla chupando a su amigo con tanto entusiasmo no dudó en unirse a la fiesta. Entre los dos la empotraron contra el sofá, le arrancaron el tanga negro que apenas cubría su culo prieto y se turnaron para hundirle la polla hasta las pelotas, escuchando cómo gritaba de placer cada vez que le daban en lo más hondo. Ella, convertida en una puta sin remedio, no paraba de mover las caderas mientras le chupaba los huevos a uno y le lamía el glande al otro, con los muslos completamente mojados y los pezones duros como piedras. Cuando uno de ellos le llenó el coño de leche espesa y caliente, ella se corrió con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, pero no perdieron el ritmo: el otro le metió la polla por el culo sin piedad, estirándole el agujero hasta que no pudo más y se dejó caer sobre el pecho del vecino, con la cara llena de sudor y el coño goteando por todos lados. La escena terminó con los tres revolcándose en el suelo, jadeando como animales, mientras ella se limpiaba los restos de corrida de las piernas con los dedos y se los llevaba a la boca para chuparlos con una sonrisa de puta satisfecha.