La repartidora Greeneyes le da su culo redondo al cliente negro
El olor a café recién hecho me recordó a él, al tipo que me miraba fijamente cada vez que llegaba con los paquetes. Esta vez, cuando abrí la puerta, su polla negra ya estaba dura, lista para lo que yo llevaba días imaginando. Me arrodillé sin decir nada, le bajé los pantalones y le chupé la verga hasta que gimió, pero no era suficiente: quería que me rompiera el culo como él se lo había follado a mi ex. Me puse a cuatro patas sobre el sofá, mi trasero redondo temblando mientras él me escupía entre las nalgas. 'Métemela entera de golpe', le supliqué, y él obedeció: una estocada brutal me hizo gritar, mi coño mojado palpando cada centímetro de esa polla que me estiraba como nunca. Me empotró contra el respaldo, sus manos apretándome las tetas mientras yo me corría una y otra vez, sintiendo cómo su verga me llenaba hasta hacerme tocar el cuello del útero. Cuando por fin se corrió, su leche blanca me manchó el culo entero, goteando hasta el suelo. Me quedé temblando, con la falda arrugada y sus dedos aún marcados en mi piel.