La panadera tímida se entrega a la verga del extraño en el bosque
Gigi está acostumbrada a amasar pan, no a que le amasen el coño, pero este desconocido de polla monstruosa le hizo olvidar su timidez. Te la llevas contra un árbol mientras sus manos agarran tus pantalones, temblando al sentir cómo tus dedos le separan los pliegues mojados. Su boca se abre en un gemido ahogado cuando te arrodillas y le das un solo lametón largo, saboreando su excitación prohibida. Sabes que esto está mal, que no deberías follártela como una puta en celo, pero su mirada suplicante y el calor de su culo pegado a tu cuerpo te vuelven loco. La levantas de golpe, sintiendo cómo la empalas hasta las pelotas, y sus muslos tiemblan al rodearte la cintura. Cada embestida te hace hundirte más, escuchando sus jadeos entrecortados mientras te clavas en ella sin control. Cambias de postura, poniéndola a cuatro patas para ver cómo tu verga desaparece dentro de su coño rosado, cada empujón haciendo que sus nalgas reboten contra tus caderas. El bosque entero podría oírlos, pero no te importa: solo quieres correrte dentro, sentir cómo su apretado canal se convulsa alrededor de tu polla mientras te vacías en lo más profundo. Sus uñas se clavan en la tierra, sus gritos son música para tus oídos, y cuando por fin te dejas ir, es demasiado tarde para arrepentirse.