La esposa traicionera y su cornudo marido en el baño
Te voy a contar cómo descubrí que mi marido no solo me miraba follar con otro, sino que se corría viéndome empotrada contra la pared del baño. Todo empezó cuando me puse mis bragas más ajustadas, esas que me hacen el culo respingar, y él no pudo evitar seguirme con los ojos mientras me inclinaba para recoger el jabón. ¿Te imaginas la sorpresa cuando noté su polla dura rozando mi cadera por detrás? Le susurré que me chupara el coño mientras el tipo de la cocina seguía esperando, y él, temblando, me lamió como si fuera la última vez. Pero lo mejor vino después: cuando el otro me llenó de leche, mi marido se arrodilló para limpiarme con la lengua, gimiendo como un perro en celo. ¿Sabes qué fue lo que más me excitó? Ver cómo se corrió en sus propios calzoncillos al sentir mi sabor en su boca. Ahora, cada vez que me mira, sé que está imaginando a otro dentro de mí, y eso me pone tan mojada que hasta duele. Lo pienso y me río: el cornudo más feliz del mundo es el que no sabe que lo es.