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La diosa alta le mete la polla al esclavo sumiso

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Ella entró con esos tacones que le hacen el culo más redondo y la mirada de quien ya decidió tu castigo, la puta dominatrix con sus botines de aguja afilando la mente del pobre esclavo que se retuerce en el suelo. Le ordenó que se arrodillara, que abriera bien esa boca babosa para chupar su bota negra mientras le susurra al oído lo que hará con su culo prieto, cómo lo va a empotrar hasta que le grite que no puede más. El muy cerdo obedeció, tragando saliva cuando ella le escupió en la cara y le ordenó que lamiera sus tacones como si fueran su único salvavidas, con la lengua pegajosa de lujuria y vergüenza. Mientras tanto, él se agarraba el miembro tieso como un palo bajo su sudor, rogando en silencio que lo usara antes de que se corriera solo como un animal necesitado. Ella lo observó con una sonrisa de superioridad, disfrutando el momento en que el esclavo se humilló al lamerle los zapatos negros brillantes, sintiendo el cuero frío contra su lengua caliente y húmeda. Luego, sin aviso, le arrancó el pantalón ajustado y dejó al descubierto esa verga que ya goteaba pre-semen, dura como el mármol y palpitando con cada latido del corazón del pobre infeliz. La diosa se subió a su espalda como una amazona, clavándole los tacones en los muslos para marcar territorio mientras le susurraba obscenidades al oído: 'esto es lo que mereces, perrito, que te folle hasta que no queden ni fuerzas para gemir'. El primero embiste fue brutal, empalando ese culo virgen que se contrajo como un puño al sentir la punta de su polla rompiendo el esfínter, arrancándole un aullido que resonó en las paredes vacías del cuarto. Ella no se apiadó, al contrario, le agarró de las caderas y lo empotró contra la pared, haciendo que el sonido de carne contra carne llenara el aire junto con los gemidos ahogados del esclavo y los gruñidos de satisfacción de la dominatrix. Cada embestida era más profunda, más violenta, hasta que él sintió que su verga tocaba lo más hondo de su vientre, haciendo que el coño de ella se mojara más con cada golpe que le daba al pobre tipo que ya no sabía si llorar o correrse. Ella le ordenó que mirara hacia arriba mientras le metía los dedos en la boca para que chupara sus uñas pintadas de rojo sangre, sintiendo el sabor a laca mezclado con el sudor salado de su propia desesperación. Cuando sintió que el esclavo estaba a punto de explotar, la diosa lo detuvo en seco, obligándolo a arrodillarse frente a ella con la polla goteando y el culo enrojecido por los golpes. 'Ahora vas a chupar hasta que me corra en tu garganta, perrito', le ordenó, y él no tuvo más remedio que abrir esa boca ansiosa para recibir la leche espesa y caliente que ella le escupió directamente en la garganta, ahogándose mientras tragaba cada gota como si fuera su único pecado. Ella terminó montándolo de frente, cabalgándolo con los tacones clavados en sus nalgas mientras él le lamía los pezones duros y le susurraba obscenidades que lo excitaban más que ninguna otra cosa. Cuando por fin la dominatrix sintió que el orgasmo la atravesaba como un rayo, se dejó caer sobre su pecho sudoroso, jadeando y maldiciendo entre dientes mientras él se corría dentro de ella con un gruñido animal, llenándola de leche caliente hasta que ambos quedaron exhaustos y pegajosos en el suelo, con los cuerpos temblorosos y las mentes completamente rotas por el placer.

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