Kaiia Eve descubre el placer de su panza hinchada
Esa tarde en mi cuarto, con la luz tenue y el aire cargado de deseo, Kaiia Eve se dejó llevar por un juego que nunca había probado. Al principio solo era curiosidad, pero cuando empezó a acariciar su panza hinchada, los gemidos se le escaparon sin control. Mis dedos recorrieron cada curva de su vientre, sintiendo cómo el calor crecía bajo mi tacto. Ella arqueó la espalda, mordiéndose el labio cuando le susurré al oído lo puta que se veía con esa panza llena. De pronto, sus ojos se abrieron como platos al descubrir lo mojada que estaba solo por eso, y eso me volvió loco. Le bajé los pantalones de un tirón, dejando al descubierto su coño brillante, y le metí dos dedos de golpe hasta que los músculos de su panza se tensaron alrededor de mi mano. Kaiia Eve gritó, sorprendida por el placer que le daba su propio cuerpo, y yo no pude evitar reírme al ver cómo se retorcía. Cada vez que le apretaba la panza, ella se corría más fuerte, hasta que el orgasmo la dejó temblando, con la respiración agitada y los ojos vidriosos de puro éxtasis. Al final, solo atinó a mirarme con una sonrisa pícara, como si acabara de descubrir un secreto que no quería compartir.