Ginger Lee se empala con mordaza en la boca follada cruda
Llevaba días imaginando cómo le iba a tragar esa polla gruesa hasta el fondo de la garganta mientras sus tacones de aguja resonaban en el suelo de madera. Al abrir la puerta, Ginger se le lanzó encima como una perra en celo, mordiéndole el labio inferior con ansias mientras le desabrochaba el cinturón con dedos temblorosos. Él la agarró del pelo teñido de rojo y le clavó la verga hasta la garganta sin aviso, ahogándola en su propio baboseo mientras ella se ahogaba en gemidos ahogados entre toses y jadeos. La obligó a arrodillarse sobre el sofá de cuero frío, con las tetas enormes rebotando salvajemente al ritmo de cada embestida brutal que le destrozaba el coño depilado sin piedad. Ginger, con los ojos llorosos y la mordaza de pelota hundida entre sus labios carnosos, no paraba de babear mientras él le azotaba el culo pálido hasta dejarlo rojo como un tomate maduro. Cada vez que la embestía desde atrás, sus tetas colgantes se sacudían como gelatina al golpear, y sus gritos ahogados se mezclaban con el sonido húmedo de la polla entrando y saliendo a toda velocidad de su coño empapado. Él le agarró las caderas con fuerza, hundiendo los dedos en su carne blanda mientras la penetraba como un animal, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por los muslos al correrse una y otra vez sin control. Entre gritos ahogados por la mordaza, Ginger le suplicaba que no parara, que la follara más fuerte, que le reventara el coño a base de pollazos profundos y brutales que le hacían perder el aliento. Cuando al fin se corrió, un chorro espeso le brotó de la polla como un géiser, llenándole la boca y la garganta hasta que se le escurrió por la barbilla en hilos blancos y pegajosos. Ella tragó hasta la última gota, lamiendo la verga con desesperación mientras él le agarraba la nuca para que no se moviera, dejando que se ahogara en su propia corrida hasta que no quedó ni rastro de semen en sus labios. La escena terminó con Ginger desplomada sobre el sofá, con las piernas temblorosas y el coño chorreando leche espesa mientras se lamía los restos de babas y corrida de los labios hinchados.