Follando a la hermana de mi amigo mientras él mira
Te voy a contar cómo fue la noche en que por fin me atreví a meterle la polla a la hermana de mi mejor amigo, justo frente a él. Todo empezó con miradas robadas en la fiesta, con ella rozándome el culo con sus uñas pintadas de rojo mientras bailaba, y él fingiendo no ver cómo me agarraba las tetas por encima del vestido. Llevábamos semanas jugando con el fuego, con sus labios rozando los míos cuando su hermano no miraba, con sus manos deslizándose por mi espalda hasta el borde de la tanga. Cuando Gabriel Rodrigues nos invitó a su casa después de la fiesta, supe que era el momento. La empujé contra la pared, le bajé el tirante del sostén y le chupé los pezones hasta que gimió tan fuerte que su hermano se acercó a la puerta. Pero no se atrevió a entrar, solo escuchó cómo le metía los dedos en el coño mojado mientras ella me suplicaba que no parara. La llevé al sofá, le levanté la falda y le hundí la cara entre las piernas, lamiéndole el clítoris hasta que tembló entera. Cuando me levanté, le vi los ojos vidriosos de deseo, las tetas grandes rebotando con cada respiración. Me bajé los pantalones y le mostré la polla dura, tan grande que casi no le cabía en la boca cuando se arrodilló para chupármela. Su hermano seguía ahí, escuchando cada gemido, cada golpe de mis caderas contra su cara. La puse a cuatro patas, le separé las nalgas y le metí la polla de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía entero. Ella gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras yo le agarraba las caderas y la embestía sin piedad. Cada vez que me hundía hasta el fondo, sus tetas enormes botaban, y sus uñas se clavaban en el sofá. Su hermano no aguantó más y se masturbó en un rincón, viendo cómo le corría el semen por los muslos. Cuando me vine, le llené el culo de leche caliente, marcándola como mía frente a él. Y justo cuando estaba a punto de...