Fantasma con polla de 18 cm se masturba solo y obscuro
Desde que la casa quedó embrujada el tipo ese se la pasa duro como un demonio, con su verga de dieciocho centímetros bien tiesa y goteando pre-semen que brilla bajo la luz de la luna. El muy cabrón se recuesta en el sofá viejo del salón, con los músculos marcados y sudorosos, mientras se agarra el tronco grueso con ambas manos y empieza a pajearse con movimientos lentos pero brutales. Cada tirón le arranca un gemido ronco que resuena en las paredes descascaradas, mezclando placer con ese aire tenebroso que lo rodea como una maldición. Los ojos se le ponen vidriosos cuando se imagina a alguna pobre alma atrapada entre sus piernas, sintiendo cómo esa polla monstruosa le estira el coño hasta dejarla sin aire. Se le escapa un jadeo cuando nota que el ectoplasma oscuro empieza a gotearle por el capullo, pegajoso y caliente, como si el mismo demonio le hubiera untado miel en la verga para torturarlo de gusto. No aguanta más y acelera el ritmo, con los dedos resbaladizos por el líquido que ya le chorrea hasta los huevos apretados, esos que le tiemblan cada vez que aprieta más fuerte el tronco. Un suspiro entrecortado se le escapa cuando siente el primer chorro de leche espesa salpicándole en el pecho, caliente como lava, mientras sigue moviendo la mano arriba y abajo hasta dejar la verga roja y palpitante. El fantasma suelta un gruñido animal al correrse, con el semen negro mezclándose con el ectoplasma en el aire, creando un espectáculo obsceno que huele a sexo sucio y pecado. Se queda ahí, jadeante, con la polla aún dura pero más relajada, mientras los últimos espasmos le hacen temblar las piernas musculosas. Por más que intente calmarse, sabe que pronto volverá a necesitar alivio, porque esa verga de eighteen no perdona.