Entiada de Recife se abre de piernas para dos hermanos cariocas
La entiada de Recife llegó a la casa de sus primos cariocas con ese cuerpo lleno de tatuajes que le dibujan curvas imposibles de ignorar. Desde el primer trago de cerveza que le ofrecieron, él notó cómo sus muslos se frotaban al sentarse en el sofá, dejando ver un coño que ya olía a sexo y a pecado. El hermano mayor no pudo resistirse y le pasó la mano por el muslo mientras le susurraba al oído lo rica que estaba su concha mojada. Ella, sin pensarlo dos veces, le agarró la polla dura por encima del pantalón y le gruñó que si quería follarla, tenía que ser ya. El más joven no se quedó atrás y, mientras le chupaba los pezones tatuados, le metió los dedos en el coño empapado que goteaba sobre el sillón. La entiada se dejó caer de espaldas en la cama con las piernas bien abiertas, pidiendo a gritos que la empotraran hasta que se corriera sobre sus tetas llenas de tinta. El hermano mayor la agarró por las caderas y se la metió de golpe, haciendo que su culo rebotara con cada embestida mientras ella gritaba como una puta en celo. El menor, con la polla chorreando, se la clavó por la boca hasta ahogarla con su leche espesa mientras el otro le llenaba el coño de corridas calientes que le resbalaban por las nalgas. Cuando terminaron, ella quedó tirada en la cama, con las piernas temblorosas y el coño lleno de semen, pidiendo más. Los dos hermanos, satisfechos pero hambrientos, le prometieron que la próxima vez sería peor.