Cornudo se masturba mientras yo follo con mi puta
El muy cabrón se quedó tieso en el sofá viendo cómo le metía los dedos bien mojados en el coño a mi nueva amiga, la rubia de tetas enormes que acababa de llegar al barrio. Le encantaba que le enseñara cómo me la empotraba contra la pared del pasillo, con sus gemidos de puta caliente ahogados entre los cojines del sillón donde él se masturbaba sin parar. Le pedí que se quitara el vestido de una vez, que quería ver cómo su culo redondo temblaba cada vez que le clavaba la polla hasta el fondo, mientras él se corría a chorros sin poder aguantarse más. La puta se retorcía de placer cuando le agarré las tetas desde atrás y le mordisqueé el cuello, sintiendo cómo su coño se empapaba cada vez que sus muslos temblaban de excitación. Él no podía dejar de mover la mano arriba y abajo, con los ojos clavados en el espectáculo de mi verga hundiéndose una y otra vez en su coño empapado, mientras yo le gritaba que se corriera en su propia mano como el cornudo que era. La escena se volvió aún más salvaje cuando la rubia se puso a cuatro patas en el suelo, con el culo en pompa esperando mis embestidas brutales, mientras él seguía pajeteándose como un loco sin poder creer que su mujer prefiriera a otro. Los sonidos de carne chocando, sus gemidos ahogados y los gruñidos de él al correrse sobre su propia mano llenaron la sala, mezclados con el olor a sexo y sudor que flotaba en el aire. Cuando por fin me vacié dentro de ella escupiendo toda mi leche en su útero, él ya estaba temblando, con los pantalones llenos de su propio semen mientras intentaba recuperar el aliento. La puta se dejó caer en el sofá, exhausta pero satisfecha, mientras yo le limpiaba los restos de mi corrida de su coño con la boca, dejándola más mojada que nunca para la próxima ronda.