Chupando polla dura hasta correrme dentro de su coño
Llevaba horas viendo cómo se le marcaban las venas en esa verga gruesa entre sus dedos mientras ella jugaba con su propia concha peluda, pasándose la lengua por esos labios carnosos que tanto le gustaban. No pudo resistirse más y le agarró la cabeza con fuerza, empujando su propia verga hasta el fondo de esa boquita caliente que lo chupaba como si no hubiera mañana, con esos gemidos ahogados que le hacían temblar las piernas. Cada vez que su lengua rodeaba el glande hinchado, ella le miraba con esos ojos verdes que le pedían más, más profundo, hasta que sintió cómo sus pelotas se le tensaban y ese líquido espeso le recorría la polla hasta la punta. La levantó de un tirón, la tumbó sobre la cama y le abrió las piernas para ver esa concha empapada que brillaba bajo la luz tenue, lista para recibirlo con un empujón brutal que la hizo gritar. Su culo firme se aferraba a sus caderas mientras él la embestía sin piedad, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su polla cada vez que se hundía hasta el fondo, arrancándole esos quejidos que le ponían más duro aún. No aguantó más y le soltó la leche bien dentro, sintiendo cómo su interior se llenaba de cada gota mientras ella se retorcía bajo su cuerpo, con los muslos temblorosos y los pezones duros como piedras. Cuando por fin se quedó quieto, ella se llevó los dedos a la concha para esparcir los restos de su corrida, lamiéndolos lentamente mientras le susurraba al oído que quería más, que nunca se cansaría de esa polla que la dejaba bien follada y satisfecha. Él, aún jadeante, le agarró el pelo y la besó con furia, saboreando el semen mezclado con su saliva en esa boca que lo había dejado sin aliento desde el primer momento.