Carnaval salvaje con vecina de trasero enorme
La fiesta de carnaval terminó siendo mucho más caliente de lo que imaginaron cuando ella llegó con ese vestido ajustado que apenas le tapaba el culo prieto y ese maquillaje que resaltaba sus labios carnosos como si los tuviera pintados de fresa madura. Él no pudo evitar clavarle la mirada cada vez que bailaba, sintiendo cómo la polla se le ponía dura al ver cómo ese par de nalgas redondas se movían al ritmo de la música sin importarle quién la viera. Cuando la música bajó de intensidad, él la agarró por la cintura y la pegó contra su cuerpo, sintiendo el calor que desprendía su piel sudorosa mientras le susurraba al oído lo mucho que le gustaría follársela justo ahí, en medio de la fiesta, sin importarle si alguien los descubría. Ella no necesitó más palabras para entenderlo, porque ya notaba su respiración acelerada y el bulto grueso que le apretaba el vientre mientras le lamía el cuello con la lengua caliente. Con un empujón firme, la llevó hasta el baño del edificio, cerrando la puerta con llave antes de que alguien más entrara y los pillara en pleno pecado. Allí, con el aire cargado de vapor y el perfume barato mezclado con sudor, él le levantó el vestido hasta la cintura, dejando al descubierto ese culo prieto y redondo que tanto lo excitaba, mientras ella se agarraba al lavabo con ambas manos, arqueando la espalda para ofrecerle mejor acceso. La primera embestida fue brutal, con la polla dura metiéndosele hasta el fondo mientras le agarraba las caderas con fuerza, haciendo que sus tetas grandes rebotaran con cada golpe. Ella gemía como una puta descontrolada, con los jadeos ahogados entre la música que seguía retumbando afuera, y él no podía evitar gruñir cada vez que sus cuerpos chocaban, sintiendo cómo el coño mojado de ella se apretaba alrededor de su verga como si no quisiera soltarla. Cuando él le metió dos dedos en la boca para que se los chupara mientras seguía empalándola, ella no pudo aguantar más y se corrió con un grito ahogado, empapando la polla de él con sus jugos mientras la seguía embistiendo sin piedad. El orgasmo lo pilló por sorpresa, porque sintió cómo los músculos de ella se contraían alrededor de su miembro, ordeñándolo hasta que él también se vació dentro con un gruñido animal, llenándole el culo de leche espesa que se le escurría por los muslos mientras ambos quedaban jadeantes, pegados el uno al otro, sudando y con las respiraciones entrecortadas por el esfuerzo. Salieron del baño con las ropas desordenadas, ella con el maquillaje corrido y los labios hinchados de tanto besuqueo, mientras él se ajustaba el pantalón, sabiendo que esa noche no sería la última vez que se verían para repetir el mismo show de lujuria y pasión desenfrenada.