Arabita borracha se empotra con pollón en video casero
Llegó sudando y oliendo a licor de la fiesta, con el vestido pegado al coño mojado y los labios pintados de rojo aún brillantes. Él, con la polla bien dura bajo el pantalón ajustado, no pudo resistirse ni un segundo más al ver cómo se le marcaban los pezones bajo la tela transparente. Sin mediar palabra, la agarró de la cintura y la empujó contra la pared del pasillo, sintiendo cómo el culo le temblaba al recibir el primer golpe de cadera. Ella soltó un gemido ronco mientras él le arrancaba el tanga de un tirón, dejando al aire el coño depilado y chorreante de jugos que ya le resbalaban por los muslos. Con los dedos enredados en su melena rubia, le dio una bofetada en la nalga izquierda que dejó la marca roja de su mano. La árabe, sumisa pero con fuego en los ojos, se dejó caer de rodillas en el suelo de madera y se llevó la gruesa verga a la boca sin dudar, ahogándose con cada palmo que le clavaba hasta la garganta mientras escuchaba sus gruñidos de placer. Él, impaciente, la levantó de un tirón y la volteó como un trapo, hundiéndole la polla de una sola embestida hasta el fondo del culo que ya pedía a gritos ser reventado. Los gritos de ella resonaban en el apartamento mientras él le azotaba las nalgas con cada empujón, marcando su carne blanca con los moretones que le dejaban sus dedos. El sonido de carne chocando contra carne se mezclaba con los jadeos y los chasquidos de sus cuerpos sudados, hasta que ella, exhausta, se corrió en espasmos violentos que le llenaron las piernas de líquido cremoso. Él, lejos de parar, la agarró del pelo y le metió la polla hasta la garganta otra vez, obligándola a tragar cada gota de leche espesa que le brotaba a chorros mientras ella lloriqueaba de placer y vergüenza. Cuando por fin se desplomó sobre el sofá, con las piernas temblorosas y el maquillaje corrido por las lágrimas y los besos, él le escupió en la boca abierta como última humillación antes de dejarla allí, convertida en un guiñapo de carne sudada y satisfecha.