Alexia Rios se empotra la máquina de follar
Alexia llegó con ese culito respingón que le pide a gritos que la llenen hasta las entrañas, la polla bien dura y goteando por la excitación que no podía aguantar. Nada más quitarse el short ajustado, se tiró boca abajo sobre la cama con las piernas abiertas de par en par, mostrando ese coño depilado y jugoso que ya estaba chorreando solo de imaginarse lo que venía. Los gemidos le salían espasmódicos cuando enchufó la máquina de follada en su culo prieto, sintiendo cómo el cabezal vibrante se hundía sin piedad hasta lo más profundo de su ano, que se abría como una flor mojada. Cada embestida mecánica le arrancaba un grito agudo, mezclando placer con el sonido húmedo de la carne golpeando contra la silicona fría del artefacto, que no paraba de azotarle el culo hasta dejarlo rojo y palpitante. Alexia se retorcía, con las tetas colgando y los pezones duros como piedras, mientras metía los dedos en su coño empapado para frotarse el clítoris al ritmo de las embestidas brutales que le partían el alma. La máquina no tenía piedad: la cabeza de la polla artificial le llegaba hasta el fondo, estirándole el esfínter hasta casi romperlo, y cada vez que retrocedía, la sensación de vacío la hacía gruñir como una perra en celo pidiendo más. El lubricante resbalaba por sus muslos, mezclándose con el sudor y los fluidos que le brotaban sin control, mientras la máquina seguía machacándole el culo con una precisión de cirujano sádico. Alexia se corrió varias veces, pero la máquina no se detenía: seguía embistiéndola con saña, como si supiera que su puto coño de ts no podía saciarse con menos. Al final, cuando ya no pudo más, se dejó caer sobre las sábanas empapadas, con el culo abierto y temblando, mientras la polla artificial escupía su leche caliente dentro de sus tripas, dejándola llena hasta el borde y gimiendo como una loca por haber sido usada como la puta que siempre quiso ser.