A esta chiquilla le encanta que le empotren el culo gordo
Desde que llegó a la fiesta, sus curvas exuberantes y ese culazo respingón no pasaron desapercibidos para nadie, pero fue cuando la vieron con ese tremendo miembro entre las piernas cuando todos supieron que esa noche iba a ser épica. Erica la agarró por la cintura con fuerza mientras le susurraba al oído lo mucho que deseaba ensartarle esa polla enorme hasta el fondo, y al sentir el primer contacto entre ese coño bien depilado y la gruesa verga, Queenie no pudo evitar soltar un gemido ronco que le erizó la piel. Sin perder tiempo, la trans la empujó contra la pared, le bajó las bragas de un tirón y le abrió las nalgas con las manos para dejar al descubierto ese agujerito prieto que suplicaba por ser reventado. Los primeros embestidas fueron lentas pero brutales, cada empujón hacía que el culo de la morena se moviera como gelatina mientras los sonidos húmedos de la penetración resonaban por toda la habitación. Queenie, con los ojos en blanco y la boca entreabierta, no dejaba de gritar cada vez que la polla le llegaba hasta las entrañas, pidiendo más fuerte con cada envite hasta que su coño ya no pudo aguantar más y se le empapó completamente por el placer. Erica, lejos de parar, le dio la vuelta y la levantó en el aire sujetándola por las caderas para clavársela de una sola vez, haciendo que la chica soltara un alarido que se mezcló con los golpes de carne contra carne. El sudor les corría por la espalda mientras la trans la embestía sin piedad, cada embestida más profunda que la anterior hasta que, cuando menos lo esperaba, Queenie sintió cómo se le llenaba el útero con chorros espesos de leche caliente que la dejaron temblando y completamente satisfecha, con las piernas flojas y el coño goteando por todos lados.